La Cultura como actividad económica
Posted on 04. Ene, 2010 by manucampa in Economía, Política
Esta entrada ha sido publicada en La Nueva España el 8 de enero de 2010. La cultura como actividad económica
Este 2010 es un año importante para la ciudad de Avilés y la Cultura, con mayúsculas, intervendrá con el rol de protagonista principal. He querido rescatar un texto de un trabajo que realicé durante el año pasado con unas pequeñas adaptaciones.

En los últimos tiempos la ciudad de Avilés vive en un constante cambio. En sus estructuras productivas, en su modelo de ciudad y en la mentalidad de su ciudadanía. A través de estos cambios, la ciudad gris y apagada afectada por las reconversiones industriales debe dar paso a una sociedad moderna donde la industria más innovadora y productiva ha tomado el testigo del pasado liderando la economía local bien secundada por los servicios más avanzados y la cada vez mayor presencia del mundo de la cultura.
Todo este proceso es un claro ejemplo de transformación de una sociedad postindustrial como los vividos en Glasgow, Bilbao, áreas industriales de Alemania, y otros muchos casos. Por lo tanto, la apuesta de la ciudad por la cultura como uno de los pilares de la economía del futuro no es un brindis al sol ni un derroche de dinero. Es totalmente comparable a casos de reconocido éxito como los anteriormente mencionados siempre respetando, eso sí, las diferencias existentes en tamaño, historia, tradiciones…
La cultura se reconoce, cada vez más, como un elemento generador de actividad económica más allá de su función como elemento de entretenimiento complementaria al trabajo. Pero esta evolución del mundo de la cultura en nuestras sociedades no se queda, únicamente, en haberse monetarizado. Las manifestaciones culturales deben responder, y responden en la mayor parte de los casos, a un triple objetivo: ser un elemento de ocio, de generación de actividad económica y jugar un papel como elemento de cohesión social.
(…)
Por un lado, evidentemente, suponen un elemento de ocio donde tanto la población residente como la gente que visita un territorio gracias a este tipo de eventos viven la cultura como espectadores, intercambian conocimientos, viven nuevas experiencias enriquecedoras. En definitiva, disfrutan de la cultura como elemento de ocio complementario a sus horas de trabajo según la distribución más clásica del tiempo disponible.
Las manifestaciones culturales cumplen también con su papel de atracción masiva de gasto. Un gasto que tiene varias vertientes. Primero, todo evento cultural tiene unos efectos directos sobre la actividad económica que surgen del gasto directo en la organización de los mismos y de la inversión en infraestructuras necesarias para que estos festivales se lleven a cabo. Estos efectos directos tienen un componente de desbordamiento hacia otros sectores de actividad económica.
La segunda derivada de la Cultura en su papel de atracción masiva de gasto son los efectos indirectos que aportan a la actividad económica. Estos tienen su mayor ejemplo en lo que supone el turismo cultural que se define como el movimiento de personas hacia manifestaciones culturales fuera de su área de residencia, con la finalidad de obtener nuevos datos y experiencias para satisfacer sus necesidades culturales. Estos movimientos masivos de personas suponen unos incrementos de la actividad económica en los territorios que cuentan con activos culturales de distinta índole y alcance. Esta mejora de la actividad tiene una gran importancia, sobremanera, en los sectores comerciales, de hostelería, restauración y otra clase de servicios.
Y existe un tercer efecto dentro de este capítulo. Los efectos inducidos que se podrían definir como las repercusiones sobre la economía que tienen los efectos anteriores. Los efectos inducidos son claros ejemplo de desbordamiento, donde la actividad generada en un sector tiene su repercusión en el resto de ramas de actividad económica.
Por último, las grandes manifestaciones culturales también juegan un papel de cohesionador social. En este sentido, la cultura entendida como factor de creatividad y de realización de los individuos, y como instrumento fundamental para el establecimiento de una estructura de valores, puede contribuir de forma decisiva a la cohesión y al progreso de la sociedad. Este es el nuevo paradigma en el que se desenvuelve la cultura en la actualidad, que ha pasado de ser una cuestión de consumo exclusivo y disfrute individual, a constituir un factor de desarrollo económico y de cohesión social. En este campo, el papel que juega la cultura como elemento de posicionamiento de un territorio en las redes internacionales, su importancia desde el punto de vista del marketing de ciudades o el papel que le toca jugar de cara a contribuir a los cambios de mentalidad de la población hacen de ella un elemento fundamental en el desarrollo de las sociedades modernas de principios del siglo XXI.
Avilés siempre ha sido una ciudad en la que la Cultura ha estado presente. Pero, en los últimos tiempos esta apuesta se ha redoblado de manera importante, añadiendo el elemento económico al componente de ocio, y este 2010 debe ser un año muy importante de cara a conseguir rentabilizar esta apuesta.
Foto de Miki López para La Nueva España



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